Del decir de Don Pedro…

Del decir de Don Pedro de Alvarado en su agonía de Indias. Ilustraciones Jorge Acha. Buenos Aires, Torres Aguero Editor. 1993.  20 x 20 cm.

“Mi corazón presentía, /aun en sueños, / a la mosca azul / anunciadora de la muerte”, diría este verdugo imperial, admitiendo el símbolo quechua de la agonía, pero no sus pecados en las guerras contra Túpac Amaro. Y de ahí su horror, su locura, su perversa e ingenua carta final al rey de España. (Tapa.)

Un guerrero quechua con su macana y su escudo, sus alas y sus pies voladores, y el dios Sol nimbando su florida cabeza, según Jorge Acha, en tinta china sobre papel canson. (Pág. 4.)

Trama de manta incaica en blanco y negro, separando el prólogo del comienzo del relato en sí, y más adelante el final del relato y un apéndice con aclaraciones. (Págs. 13-14 y 39-40.)

Don Pedro de Alvarado visto por Jorge. Nótense los monitos que juegan y se enredan en la larga cabellera rubia, y el escudo de la Rolls Royce sobre su yelmo de conquistador (Pág. 16.)

José Gabriel Condorcanqui, de quien en Don Pedro opina que “se dice católico para mejor embaucar a mestizos y criollos que traicionan a Cristo Rey y la Corona junto a él”. (Pág. 19.)

Las moscas anunciadoras de la muerte, que se posan sobre quien ha de morir próximamente, pesadilla de Alvarado después de ver a un decapitado haciendo la Señal de la Cruz. (Pág. 21.)

Combatientes con maíz y coca, pájaros y un oso hormiguero emblema de una “tierra tan distinta a la nuestra en creencias y frutos que nos desdeña, pero ellos aman y conocen” (Pág. 23.)

Más moscas de la muerte, otra muestra de la empecinada búsqueda de Jorge para confirmar su variedad y posibilidad de existencia en alturas imposibles, el Altiplano incluso (Pág. 25.)

El corazón sudamericano estallando de furia y dolor en 1781, “días que no han acabado sino que vuelven”. Curiosa línea que parece prefigurar a la Bolivia de Evo Morales (Págs. 26-27.)

Fieles e infieles, traidores y patriotas, hermano contra hermano en una colonización a Cruz y espada, a sangre y rencor: dividir para reinar en base a diferencias seculares (Pág. 29.)

Moscas identificadas e infaltables en batallas fratricidas donde “se buscaban indio con indio y no infiel con cristiano… y los hispanos ya no sabíamos a quién matábamos”. (Pág. 31.)

Muerto de la Pág. 29, pero solo, sin su matador a la vista. Dice Alvarado: “Abundan en estas sucias regiones ritos cuyo motivo ignoramos y adulteran el de nuestra Cruzada”. (Pág. 32.)

Puerta del Sol, con el astro cayendo en negro. “Ellos aprovechan nuestra Gesta, negando el Génesis y afirmando que el mundo no ha terminado de hacerse”, insiste Don Pedro. (Pág. 34.)

Mosca de la muerte en pleno, “estrella que hiere / con su resplandor rojo, / con sus ojos de fuego”, con víboras y aves muertas en la cabeza, según sacro cantoral de Cuzco (Pág. 37.)

Nativo incaico en tiempos precolombinos y durante la conquista española, con vincha de plumas y demás elementos suntuarios con que se engalanaban a diario. Logo del libro (Pág. 47.)

(Contratapa.)

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