Tanguitos

TANGUITOS esa mezcla milagrosa

Poemas, cuentos, canciones

Raúl García Luna. 1a ed.. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Aurelia Rivera, 2014

162 p. ; 14 x 14 cm.

Tanguitos Tapa

Lanzamiento: septiembre 2014

Tanguitos Dorso

Lanzamiento: septiembre 2014

 


“Tanguitos” en Radio UBA

El nuevo libro de Raúl García Luna se presentó el 23/10/14 a las 19:30 por FM 87.9 Radio UBA, en “Leer por leer: el programa de Eudeba”, que sale al aire los jueves de 19 a 20 hs. Se trata de un ciclo literario con una característica impar: la edición como perspectiva de valoración y los editores como protagonistas. En “Tanguitos” figura un poema dedicado al editor del mismo, Pablo Alessandrini, y por esta inusual razón el conductor Luis Quevedo entrevistó al autor abriendo la charla con la lectura de “Short editor”, donde se narran las peripecias de un editor modesto pero enamorado de “sus” libros. Muy elogiado el diseño gráfico de la obra, ilustrada con fotos de Claudio Larrea, luego se destacó la calidad de los textos, cuentos incluidos, algunos traducidos al inglés por Andrew Graham-Yooll y muchos referidos al tango como aire ambiental y a sus letras como sencillo fondo, en un lenguaje “sentimental pero moderno”. Abundaron las felicitaciones y el buen humor, reconociendo todos que su cuna musical fue el rock beatle pero que ya más grandes les pegó “ese sonido de viejos”. Como cierre de nota, se volvió a leer “Short editor”.


 “Tanguitos” en Radio Cultura

Entrevistado el viernes 17/10/14 por el periodista y narrador Carlos Algeri, conductor del programa “Realidad cotidiana” (lunes a viernes de 13:30 a 15 hs), por FM 97.9 Radio Cultura, García Luna se explayó con evidente buen humor sobre los dones de su flamante libro de poemas y cuentos “Tanguitos”, destacando la contribución al mismo por parte de sus “artistas invitados” (fotos de Claudio Larrea, traducciones de Andrew Graham-Yooll, dibujos de Enrique Breccia, Jorge Acha y un hermano), que Algeri elogió sin dejar de recordar “Discepolianas” (2013, Aurelia Rivera Libros), precedente de “Tanguitos”. El temario abarcó desde la creatividad sencilla pero inteligente, un uso menos intelectual del lenguaje y la inusual ocurrencia de concebir una edición plural, hasta el bajo precio de venta a pesar del diseño y las ilustraciones, su notable exhibición en librerías de renombre y ese imponderable “algo más” que parece seducir al público lector. Se muestra, se ve, se difunde, se lee. El autor, agradecido. Y el tango, ese “lamento de cornudo” que de chicos no nos gustaba y con el que no pocos padres nos amenazaban con que un día nos iba a alcanzar, brilló como la “mezcla milagrosa” que es, como “poesía cruel” y queja sentimental que aún nos conmueve y acaso retrata.


TANGUITOS en AM Radio Ciudad

Raúl García Luna presentó su libro “TANGUITOS, esa mezcla milagrosa” por  AM 1110 Radio Ciudad el 23/11/14 a las 19:40 hs, en el programa “Libros que muerden” (domingos de 18 a 20 hs), conducido por Guillermo Piro, quien leyó parte del largo poema “No” y retituló “Tangazos” al  volumen, elogió al editor (Pablo Alessandrini, de Aurelia Rivera Libros) y se trabó en gracioso ping-pong con el autor, quien para cerrar el mutuo intercambio de méritos y piropos le dedicó un instantáneo haiku: “Piro se piró / cachó el piróscafo / y no expiró” (esto, por el ascenso del programa de una esforzada FM a una poderosa AM), por lo que también honró a su productor, así: “¿No hay Demetrios / de un metro y medio? / Deme tres medios”. “TANGUITOS” gratificó con un ejemplar al primer oyente que llamó y se despidió airoso de “Libros que muerden”, quizá el más exigente tribunal literario-radial de esta porteña City.

Ver Audio/video en Youtube: youtube_logo

 

 

 


Comentarios sobre “Tanguitos. Esa mezcla milagrosa”

“Tu libro, que de mini sólo tiene el formato, me gustó mucho, Raúl, no sólo por la calidad de su edición sino y sobre todo por la calidad de su texto. Abrazos y felicitaciones.”
Vicente Battista, 28/9/14.

Ser don Vicente
pretende mucha gente
inútilmente

(RGL, 7/11/14)

Hay mil maneras de ser
pero como García Luna
ninguna

(Battista, 8/11/14)

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¡Genio! Gran abrazo.
Norberto Chab, periodista, director de Ediciones del Empedrado, autor de “100 tangos con su historia” (Planeta, 2010) y otros. Septiembre 2014.
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Felicitaciones y éxitos con este nuevo trabajo.
Julio Sierra, traductor, autor de “Fusilados: historias de condenados a muerte en la Argentina” (Ed. Sudamericana, 2008) y otros. Sept. ’14.
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Mucha mèrde, Raulito. Qué ganas de echarle un ojo, o una oreja. Un abrazo grandote.
Oscar Plasencia, fotógrafo & cineasta, desde España. Sept. ’14.
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Mi hermano Raúl sacó un nuevo libro, que orgullosamente recomiendo, porque bien sé que es uno de los mejores escritores argentinos contemporáneos. Leído y releído, de corazón digo: ¡viva “Tanguitos”!
Claudio García, diseñador textil, actor y clown. Sept. ’14.
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Más que felicitaciones, Rauly, ¡un long-play de felicitaciones!
Jorge Diez, actor de teatro, cine y tevé, actualmente en “Los malditos”, de Roberto Arlt (Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543).
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Un gran libro querible, inteligente, sensible y sabio a la vez. Una “mezcla milagrosa” de literatura, tango, poesía profunda y realidad. (Yo tengo el 2º ejemplar, ya guardado en mis estantes y en mi corazón). Felicitaciones una vez más, y un gran abrazo.
Alejandro Abate, bibliotecario, webmaster, amigo, etc. Sepiembre 2014.
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“Tanguitos” me caló el alma. Es una prueba de que se puede escribir sencillo con lenguaje inteligente. El poema de la perra Laika y el dedicado a la sobrina, entre otros, me hicieron sentir mocoso otra vez. Sos un turrito melanco, Raúl. Ojo al piojo, sabemos dónde vivís…
Nicolás Magallanes, explorador, marino, guía turístico, desde Tierra del Fuego. Sept. ’14.
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¡Una joyaaa! “Desocupado” me mató. En la crisis del 39 (yo apenas nacido), mi padre anduvo con cartones en los zapatos, y hasta vendió papas por la calle. Perdió dos empleos en una semana.  (Tu talento siempre tiene otro, y otro, y otro conejo en la galera). Abrazo del alma:

Alfredo Serra, periodista y escritor, pluma mayor de Editorial Atlántida, inveterado as del fútbol-botón y cazador de nazis en el país y en Latinoamérica, con libros que lo confirman y enaltecen.

 

Insert: conversación

 

Gracias, Alfredo. Me complace imaginar que vos nunca te sentiste como tu padre. O como este módico escriba en épocas de lungos galgueos sin que nadie remediara su vero hambre, mientras me piropeaban la pluma, la pinta y hasta la corbata. Oh infinitos días en la sola compañía de Lalo -gato, no niño-, etc. Buéh, calavera no chilla: de ahí salió “Desocupado”… y tu generoso mail. Abrazo (RGL).

 

Un viejo jefe que tuve en Crítica, mi vuelo de bautismo, ácido, tabacoso y escéptico como solían ser aquellos perros de redacción que todo lo sabían, me dijo cierta tarde de invierno, ya cerrada la quinta edición: “Eternamente, los mediocres vengan su ignorancia en los escritores, los periodistas y los maestros. No te hagás ilusiones”. Que el tiempo, que los mármoles empañan, no nos hagan olvidar esa miserable sentencia.

¿Nuestro cielo estará en otro lado?

Hoy, ante una fea noticia por tele, me enteré de que había muerto la jirafita del zoológico, y se me ocurrió este pequeño cromo, como antaño se llamaban las notad de color.

Va:

“La evolución la hizo bella de piel y alta de pescuezo para que pudiera comer las copas de los árboles y detectar a tiempo la fiera que habría de matarla. Pero un cazador criminal la alejó de su llanura y la condenó a las rejas. Me pregunto quién enterrará ese cuerpo, y me aterra que sus últimos verdugos la mutilen para aliviar la tarea de cavar un casi infinito pozo, y también, desollada, que su piel de perfectas manchas acabe en una prosaica alfombra para regodeo de las verdaderas bestias.  Sin embargo, mientras vivió en cautiverio, se dio el lujo de la altivez: miró a la especie humana desde lo más alto, acaso con desprecio y premonición de su último y orgulloso acto” (Serra).

 

No sé por qué, a mí los animales me ‘pueden’ más que los humanos. Hermoso y triste tu relato de la altiva & pobre jirafita. En contraprestación, vaya un puema que le escribí a R., un can tan amable que, “como el león de la sierra”, se fue a morir donde no lo viéramos (RGL):

 

Perro viejo

 

creyó ventana al espejo

y saltó al otro lado

como quien volviera

al verdadero hogar

 

lo vimos cachorro

moviéndonos la cola

para que saliéramos

del lado de los reflejos

 

ladró con melancolía

y no nos vimos más

 

A tu puema perruno sólo le falta ser engarzado en un anillo. Porque él, como todos sus congéneres, y en el caso de que la historia hubiera sido al revés (¡cruz diablo!), habría repetido una de las más bellas historias de amor: el perro que llora junto a la tumba de su amo, a veces hasta morir. Porque su dolor, infinito, es más fuerte que el dolor humano. Podemos desgarrarnos ante nuestro muerto amado, pero en algún punto la vida sigue. Cruzamos el portón del camposanto y nos vamos a casa. Algunos, con un cómodo recurso: “Fue la voluntad de Dios; hoy estará en un mejor lugar”. Y cada tanto pagan una misa y, lo peor, se compran otro perro. Y bien pronto, para cerrar del todo el telón (Serra).

____________________

Querido Raúl: anoche (5/2/15) leí tu nuevo libro (“Tanguitos”). Me pareció muy hermoso. Te mando un gran abrazo.

Víctor García Costa, periodista, historiador, patriarca de la Mesa de los Jueves, almuerzo con personajes notables que se realiza desde hace 50 años en un antiguo restorán de la Avenida de Mayo.

 


CIEN NOCHES

Persistencia de la noche en las letras de tango

 ©Raúl García Luna 2012

 

En noche plateada, con dulce emoción[1]

Su luz no ha querido mi noche triste alumbrar[2]

En una noche de atorro[3]

Una noche a un farabute del cotorro lo pianté[4]

Noche a noche en el festín[5]

Flor de noche y de placer[6]

Bajo la luz de la luna[7]

Como buscando la noche[8]

Cachó el baúl una noche y se fue[9]

Una noche de champán y de cocó[10]

Una noche de invierno fulera[11]

La noche de nutriste drama pasional[12]

Sobre la noche del carnaval[13]

Con lo triste de mi noche hice una hermosa mañana[14]

Casi me suicido una noche por ella[15]

De noche, tango y champán[16]

Que el disfraz sólo dura una noche[17]

A la luz de un farolito que de noche te alumbró[18]

Por eso gime rn las noches[19]

Esta noche me emborracho bien, me mamo bien mamao[20]

Vivila siempre de noche, porque eso es de gente bien[21]

De noche, angustiao, me pongo a llorar[22]

[1] La morocha, 1905, letra de Angel Gregorio Villoldo.

[2] Mi noche triste, 1916, Pascual Contursi.

[3] De vuelta al bulín, 1917, ídem.

[4] Ivette, 1918, ídem.

[5] Flor de fango, 1918, ídem.

[6] Milonguita, 1920, Samuel Guillermo Linnig.

[7] Muchacho, 1923, Celedonio Esteban Flores.

[8] Organito de la tarde, 1923, José González Castillo.

[9] La mina del Ford, 1924, Pascual Contursi.

[10] Griseta, 1924, José González Castillo.

[11] El bulín de la calle Ayacucho, 1925, Celedonio Esteban Flores.

[12] Puente Alsina, 1926, Benjamín Tagle Lara.

[13] Siga el corso, 1926, Francisco García Jiménez.

[14] Tengo miedo, 1926, Celedonio E. Flores.

[15] Te acordás, hermano, 1926, Manuel Romero.

[16] A media luz, 1926, Carlos César Lenzi.

[17] Carnaval, 1927, F. García Jiménez.

[18] Bandoneón arrabalero, 1928, Pascual Contursi.

[19] Duelo, 1928, Lito Bayardo.

[20] Esta noche me emborracho, 1928, Enrique Santos Discépolo.

[21] Seguí mi consejo, 1928, Eduardo Salvador Trongé.

[22] Malevaje, 1929, E. Santos Discépolo.

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LA NOTA FINAL

La tenía y tenía que ir a verlo, antes de que ya no recibiera. En el jardín había cronistas. Lo dejó entrar la hija de ojos tristes. “Pase, Lungo, tanto tiempo, no lo esperábamos.” En la antesala hacían guardia una reportera y un fotógrafo de revista cara. “Siéntese, Lungo, yo le aviso.” Por el filo de la puerta del estudio entrevió al Maestro en silla de ruedas, bandoneón cerrado entre piernas, botella de scotch en mesita ratona, suero colgante, mentón en alto, mirando sin ver partituras en su atril. Los de la revista cara quisieron saber quién era, por qué se veía tan pálido, si era cierto que el Maestro se moría, qué llevaba en ese maletín. “La metralleta, nena”, dijo, y se atajó de la foto a dos manos. La hija de ojos tristes lo hizo pasar y se quedó adentro, de pie contra la puerta prohibida. “Cinco años que no duerme, Lungo, no me lo haga sufrir.” El estudio, tibio y oscuro, olía a Particulares 30 y a puchero de gallina. “Venga, vamos”, apuró el Maestro, blanquísimo, emocionado, señalando una banqueta. “¿La encontró, no? Si no, no estaría acá.” El Lungo asintió de un cabezazo, sin sentarse. “Bueno, tóquela, che.” El Lungo abrió el maletín y miró a la hija de ojos tristes. El Maestro dijo: “Fuera, querida, y rajá a esos necrofílicos, querés.” Luego, redundó: “Desde que Ana se fue, me reta, no se ríe, no me come”. Sabido era que en cualquier momento el Maestro sería tapa de revista cara. Y el resto, misterioso aguante contra todo diagnóstico. Lo que lo mantenía vivo era la espera de la nota final. “No me sale, Lungo, búsquemela, tengo que terminar el tango de Ana”, le había dicho un lustro atrás, al disolver la típica, después del entierro. Tal vez un violín fuese capaz de ir más lejos que un bandoneón. “Métale, que usted también la quería.” El Lungo tragó saliva, alzó el arco, hirió las cuerdas, bajó los brazos, gimió: “Perdone, Maestro, no puedo, enferma, quita, mortifica, fíjese cómo estoy”. “¿Duele?” El Lungo cabeceó de costado. “Entonces, se lo ruego.” “Es que no se la puede tocar sola, Maestro, hay que interpretar todo el tango y dejarla salir, si sale.” “Se lo suplico, che, es su alma.” Y el Lungo tocó. Primero bajito, como quien lagrimeara. Luego sin pudor, como llorando a gritos. El largo lamento anegó el estudio, inundó la antesala, ahogó a los de la revista cara, y los cronistas del jardín entraron sin pedir permiso. Después, silencio. Fresco, infinito, insoportable. “¿Qué mierda pasa?”, dijo alguien, en nombre de la libertad de prensa. La hija de ojos tristes no aguantó más y abrió la puerta prohibida y todos vieron y fotografiaron. El Lungo en la banqueta, cabeza entre manos, violín quebrado. El Maestro, bandoneón abierto, mentón caído, ojos cerrados.

A Luis Alberto Spinetta y otras víctimas del necroperiodismo.

© Raúl García Luna, 2012.

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TANGO CRUEL

Llegó a la milonga cuando nadie lo esperaba y la encontró meta y ponga con otro, en una mesa oscura. Se hizo perdiz en la barra y los junó. Un fifí de Recoleta, una trola sin macró. Dejó que entraran en pista, odió los firuletes de él, reconoció los ochos de ella, se reprochó haberle dado el espiante por celos. Se palpó la cintura, se rascó el garguero. Escabió la tercera ginebra. Y otra, y otra más. Los dejó irse del bracete, entre risas, sin apuro. A la vuelta de la esquina les encajó treinta y cuatro puñaladas. No muy lejos, sonaron unos gritos, un tiro al aire y un tangazo de Staffolani y Maffia.

© Raúl García Luna, 2012.

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TANGO EXPORT

Se peinaba a la gomina y le decía al espejo: “Brancato”. Se ponía crema facial, se depilaba una ceja, se pintaba la boca y explicaba: “Los afeites gardelianos”. Empilchaba jetra a rayas, cortina el saco, bombilla el lompa, y anoticiaba: “Gaticháves, patrón”. Entraba en bambalinas y, apenas anunciado, ya algún habitué lo silbaba. Pisaba tablas, junaba la leonera, chapaba el microfón y chichoneaba: “Nas noches, timada inconcurrencia”, y les tiraba el de los frasquitos con moñitos todos del mismo color. Nones: querían uno sentimental, pero más reo, tipo adiós inteligente de los dos. Sobre el pucho, les metía el de la ñata contra el vidrio y aflojaban. Ahí los mataba con su pobre madre querida, los carneaba con un fantasma del viejo pasado y los cocinaba bien pulenta en la barra eterna de Gaona y Boyacá. En el camerino, se lavaba la jeta y el mate, cobraba la noche y repetía: “Los garcaste, Carlitos”. Y chau bodegón for export, hasta mañana. Vestido de lo que era, remera anónima, jean de La Salada, le garroneaba un par de birras al patrón y se iba a cantar gratarola con los giles de la banda villera.

© Raúl García Luna, 2012.

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TANGO QUEER

 Ella sabía dejarse llevar. Buena milonguera. Y amante, raras veces. Como todos/as, trataba de no mezclar. El gotán es sexo sublimado, no urgencia de coito. Pero ese langa la había flechado. Un cabezazo de él, y a la pista en yunta, ya. Cuatro piezas, fin de la tanda, un “gracias” y hasta más ver. Lo retuvo, lo abrazó, deslizó en su oreja una palabra tibia. Él se ruborizó y dijo: “No, perdone, era un capricho”. Quien lo acompañaba se levantó de su mesa y fue al rescate. Lo tomó de la cintura, lo apartó de ella, dijo: “Ya está bien, cariño, vamos que es tarde”. “Le presento a mi pareja”, susurró el langa. “Bueno, al principio esto se bailaba entre hombres”, murmuró el otro. Y ella se quedó mirando cómo se iban, tomaditos del meñique.

 © Raúl García Luna, 2012.

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Gotán

Al raro conjuro de noche y de seda 1
llora mi alma de fantoche 2
y hoy es tu voz que vuelve a mí. 3
Tu pena es de nieve, 4
luciérnaga curiosa que verá 5
que aquí ni Dios rescata 6
lo que el destino se empeñó en deshacer. 7
¿Por qué te quedaste en aquel país 8
que está de olvido siempre gris? 9
Ya sé, no me digás, 10
te evoco sin razón. 11
Fuiste con otras mujeres al lugar de los dolores. 12
Ya nunca alumbraré 13
tus ojos, con ese eléctrico ardor 14
más frágil que el cristal. 15
Acaso te llamaras solamente 16
llamarada, correr tras una sombra
imposible de alcanzar, 17
y me descubro en ese punto cardinal 18
de no pensar más en mí. 19
De golpe y porrazo 20
me quedé sin fe 21
y a vos te vi tan triste… 22
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste? 23
Nunca más tu voz nombró mi nombre junto a mí 24
y hoy que vivo enloquecido
porque no te olvidé, 25
tengo miedo que me falle el corazón 26
y morir lejos de ti. 27
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas 28
y los lunes, desolación. 29
Muñeca maldita, 30
tan fría y tan mía, 31
yo quiero morir conmigo. 32
El facón da su tajo fatal. 33
Que nadie sepa que te quise tanto. 34
Eras mujer, y me clavé. 35

Referencias:

Letra y música
1. La novia ausente (Enrique Cadícamo-Guillermo Barbieri, 1932).
2. Nostalgias (Enrique Cadícamo-Juan Carlos Cobián, 1936).
3. En esta tarde gris (José María Contursi-Mariano Mores, 1941).
4. Madame Ivonne (Enrique Cadícamo-Eduardo Gregorio Pereyra, 1937).
5. El día que me quieras (Alfredo Lepera-Carlos Gardel, 1935).
6. Quevachaché (Enrique Santos Discépolo, 1926).
7. Cuesta abajo (Alfredo Lepera-Carlos Gardel, 1934).
8. La viajera perdida (Héctor Pedro Blomberg-Enrique Maciel, 1930).
9. La última curda (Cátulo Castillo-Aníbal Troilo, 1956).
10. Idem anterior.
11. El último café (Cátulo Castillo-Héctor Stamponi, 1963).
12. Milonguera (José María Aguilar, 1925).
13. Sur (Homero Manzi-Aníbal Troilo, 1948).
14. Los mareados (Enrique Cadícamo-Juan Carlos Cobián, 1942).
15. Cristal (José María Contursi-Mariano Mores, 1944).
16. María (Cátulo Castillo-Aníbal Troilo, 1945).
17. Llamarada pasional (Tita Merello-Héctor Stamponi, 1959).
18. El corazón al sur (Eladia Blázquez, 1975).
19. Cafetín de Buenos Aires (Enrique Santos Discépolo-Mariano Mores, 1949).
20. El 45 (María Elena Walsh, 1967).
21. ¡Tarde! (José Canet, 1947).
22. Balada para un loco (Horacio Ferrer-Astor Piazzolla, 1968).
23. Canción desesperada (Enrique Santos Discépolo, 1945).
24. Niebla del Riachuelo (Enrique Cadícamo-Juan Carlos Cobián, 1937).
25. Gricel, (José María Contursi-Mariano Mores, 1942).
26. Tengo miedo (Celedonio Flores-José María Aguilar, 1926).
27. Como dos extraños (José María Contursi-Pedro Láurenz, 1940).
28. Sus ojos se cerraron (Alfredo Lepera-Carlos Gardel, 1935).
29. A media luz (Carlos César Lenzi-Edgardo Donato, 1926).
30. Secreto (Enrique Santos Discépolo, 1932).
31. Garúa (Enrique Cadícamo-Aníbal Troilo, 1943).
32. Como abrazado a un rencor (Antonio Miguel Podestá-Rafael Rossi, 1931).
33. Silbando (José González Castillo-Cátulo Castillo y Sebastián Piana, 1925).
34. Quemá esas cartas (Juan Pedro López-Alberto Cosentino, 1946).
35. Soy un arlequín (Enrique Santos Discépolo, 1928).

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3 comentarios

Archivado bajo Poesía Argentina

3 Respuestas a “Tanguitos

  1. Alejandro Abate

    ¡Qué laburo, se ha tomado el autor! No sólo en la compaginación, sino que también en la investigación tanguera…

  2. Vicente Battista

    Tu libro, que de mini sólo tiene el formato, me gustó mucho, Raúl, no sólo por la calidad de su edición sino y sobre todo por la calidad de su texto. Abrazos y felicitaciones.
    Vicente Battista, 28/9/14.

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