Discepolianas

Discepolianas de este siglo.
“NO TE CANTO BUENOS AIRES”

García Luna, Raúl .  1a. ed. Buenos Aires: Aurelia Rivera, 2013. 78 p. ; 21×12 cm

Traducción al inglés por Andrew Graham-Yooll.

ISBN: 978-987-1294-45-9

Tapa / Contratapa

Retiraciones de tapa & contratapas

Disponible en las siguientes Librerías:

-CÚSPIDE

-LOSADA

-LIBRERÍAS SANTA FE

-CRACK UP

-GALERNA 

___________________________

“No te canto, Buenos Aires” 

DISCEPOLIANAS

de este siglo

1

No te canto, Buenos Aires,

porque vos te cantás sola:

puerto, borde, Casablanca, eclipse,

luna y misterio,

avestruz y ábrete Sésamo,

paisito del Siempre Quizá,

fueye que rezonga,

percanta que me amuraste,

amor ausente aunque estés acá.

Porque sos, Reina del Plata,

dulce y cruel como la mina imposible,

más Malena que ninguna,

más lejana que María,

más casquivana que Ivette.

Pero sos, también, Gricel.

Por eso ya no parís tangos,

que no te vengan con versos.

Che, dejenlán de joder.

“I sing not to you, Buenos Aires”

DISCEPOLIANAS

a poem for this century

 1

 I sing not to you, Buenos Aires,

because you sing to yourself,

Port, fringe, Casablanca, eclipse,

moon and mystery,

ostrich and Open Sesame,

tiny nation of Maybe Perhaps,

squeezebox groaning,

lover who left me,

absent love even if close by.

You are, after all, Queen of the Plate,

as sweet and as cruel as the impossible woman,

more Malena than any,

further than María,

flightier than Ivette.

But you are also Gricel.

Hence you breed tangos no more,

unless they come in rhyme.

Che, stop messing about.

*

So as to look like no other,

and still let it not be noticed,

you dress up as yourself,

Sor Buenos Aires.

And fill up with “porteños”

who know nothing of the Widest River

or of the Longest Street.

They smell of far off hills, of peet and TV,

of Official Gazette,

of I beat you because I love,

of distance and defeat.

Are they Argentines,

My Queen?

 


Discepolianas en Radio Ciudad

Esta tarde (de 15 a 17) estuve en Radio Ciudad, donde me entrevistaron largo sobre muchos temas, y uno de los cuatro conductores leyó un pasaje de “Discepolianas”, pidiéndome luego que yo lo lea en inglés.  El pasaje fue aplaudido por los presentes (incluido mi hijo Matías, en su primera visita a un estudio  de radio). Abrazos. 

Andrew Graham-Yooll, sábado 24/10/15.

Discepolianas, modernidad y tradición

En esta descomunal y casi fantástica elaboración lingüística de Raúl García Luna, hecha a partir de nuestro argot, el lunfardo, y del legado del tango, y en especial del de uno de sus filósofos y poetas mayores, Enrique Santos Discépolo, nada es mezcla o desconcierto, “cambalache”, sino un segundo orden, un reacomodamiento de los signos para nuestros contemporáneos, en el que aquéllos se resignifican, dando cuenta de la nueva realidad. En el caso de las Discepolianas, estamos ante un libro necesario, para hablarse, ahora, en Buenos Aires. No por una modernidad a ultranza, sino también por respeto del pasado. Doris Lessing ha subrayado el valor de los libros en el trabajo de otros premios Nobel: “Para escribir, para crear literatura, debe existir una estrecha relación con las bibliotecas, con los libros, con la Tradición”.

Mario Goloboff, 2012.

A la Luna de Raúl

Raúl García Luna califica de “imperdonable glosa” a su Oda al revés, a esta cruda Elegía binaria. Mueve a pensar que fue un pertinaz dolor acumulado el que lo emplazó una medianoche a propasarse y abusar de Buenos Aires (¿junto a cuál cementerio fue?). Entre lo melifluo y la sevicia, medio fiel, medio en falsete, avanzó en erótica diatriba hasta entrarle de coté y, tras envaselinarla con dulce de leche, sorprenderla con un ramo de ortigas.

Como aquella vez Discepolín, como ésta Luna, la víctima fue atacada con cuchillitos de escribir. Puntilloso uno, fluyente el otro, ambos adorándola y repudiándola a la vez, como obliga toda pasión que, por extrema, enloquece a dos puntas.

“Discepolianas” o “Lunerías”, como se quiera, es un poema de amor a nuestra Primera Casa Pública. No otra cosa que un quilombo es una ciudad. Y muy preciso maxiquilombo la reputísima, antropófaga, bucanera y aduanísima Buenos Aires.

Y en algunos tramos del poema azucara, generoso, para que Buenos Aires no deje de gemir de placer. Su piedad necesita un espacio preparatorio para arribar a un simétrico placer y entonces sí, a la mata callando, inferirle re-a-ma-ble-men-te, 34 puñaladas.

Esteban Peicovich, 2012.

Coraje e intensidad.

El tango no propone una respuesta ambigua, acomodaticia, neutra, a los dilemas existenciales. El tango es desconsuelo, denuncia, subjetividad desgarrada por el dolor sentimental o las demencias del siglo. Que un poeta se tome de esta fatalidad para instalar su visión de sí mismo, de los demás y del mundo implica, en primer lugar, coraje y, luego, una decisión desasida de la tolerancia viscosa de la pulcritud contemporánea.

Para García Luna -como para Discépolo- el bien es el bien y el mal es el mal, el dolor no se amortigua con el reblandecimiento del demonio pasional y el chiquero administrativo de la sociedad capitalista no admite -en el mestizaje poético García Luna/Discépolo- la coima reglamentaria del vividor ni la resignación del paciente anestesiado.

Libro intenso, mortífero, implacable. Como en los tangos de Discépolo, los poemas de García Luna no son aptos para la tilinguería mundana ni, mucho menos, para la pacatería intelectual.

Luis Osvaldo Tedesco. Poeta y Editor. (1.000 c.).

DISCEPOLIANAS

Apuntes

            La primera versión de estas lúdicas Discepolianas, inspiradas en la curiosidad de imaginar qué y cómo le escribiría un “dark” Discépolo a la Buenos Aires del año 2000 y pico, fue enviada a España en 1994, como parte de un trabajo a cuatro manos entre dos fotógrafos y dos escritores, que se llamó “Reflejos de dos ciudades” y se expuso en abril en la regia Sala Mariana Pineda granadina, en el marco del notable Festival Internacional de Tango que cada año organiza allá el cordobés argentino Horacio “Tato” Rébora. Cabe agregar que por aquellos días se “hermanaron” Granada y Buenos Aires, vía ritual público con un “sacerdote” agnóstico: don Rafael Alberti, groso vate capaz de embucharse una docena de huevos fritos y luego hablar de minas o filosofía como si pasara un carro.

            La idea fue que un fotógrafo y un poeta hispanos (los muy laureados Antonio Arabesco y Luis García Montero, respectivamente) y unos pares argentinos (el cineasta Oscar Plasencia y yo, que soy narrador) captaran imágenes de sus propios ámbitos “como si fueran dos notas de una misma melodía”, fundamentándolo así en el catálogo de la muestra: “De Granada partieron muchos hacia la Reina del Plata. Mezclaron el cante jondo con el lamento del tango. Aprendieron el corte de una milonga con el vuelo de una sevillana. Y el tiempo pasó, y las ciudades se transformaron en sombras de lo que un día fueron”.

            Los diarios andaluces (y no tanto) se hicieron eco. “Magnífica tarea multidisciplinar en una gran interpretación del carácter total del hecho artístico, el idioma universal de un sentimiento trágico de la existencia”, exageró el Ideal. “Los cuatro poetas de la imagen y la palabra han conseguido hacernos sentir que sólo hay una ciudad, y que está viva”, contradijo El Mundo, destacando “sobre todo, los textos que acompañan a las fotografías”. Otros medios gráficos y la tevé nacional ibérica divulgaron que la muestra viajaría a La Habana y a Buenos Aires, más “el proyecto de editar un libro con las fotos de ambas ciudades y los textos de los dos poetas”, que no salió.

            Para otra versión local, actualizada y parcial, mis Discepolianas fueron corregidas, e incluso totalmente rehechas, durante y después de las elecciones argentinas de 1995. Por lo que, en rigor de verdad, podían considerarse inéditas, tanto acá como en otro “paraíso”.

            Aclaración: de ninguna manera pretendieron ser poemas, como tampoco quisieron serlo las letras de tango, digan lo que digan los académicos de escritorio. Que distintas son la canción, la prosa poética y la poesía, y cada género reclama, con justicia, su identidad y su mérito. No es el caso de García Lorca pariendo un Cancionero.

            Para cerrar esa virginal etapa, vaya mi retrasado agradecimiento al amigazo Oscar, sin cuya intervención las Discepolianas no existirían. Porque fue él quien me propuso “hacer algo de ocasión por Buenos Aires” y a quien yo, rockero y ajeno a la lírica, le respondí: “¿Estás loco, vos? ¿Quién te creés que soy, Discepolín?”. Es insólito lo que pueden la ironía y una súbita ocurrencia: apenas colgué el teléfono, pergeñé la primera de mis diez irreverentes Discepolianas. Y pronto todas volaron a Granada, cerrando el primer círculo de su extemporánea progenie y acaso imperdonable difusión. Hay textos que uno siente “de entrecasa” y, al decir de un Gusmán o un Blaisten, los narradores reverenciamos a los poetas, tal vez de más. Pudor, que le dicen, ante la palabra en su más alto escaño de depuración y expresividad.

            El caso es que fotos y textos se expusieron en Granada convertidos en gigantografías colgadas de elevadas paredes (mis estrofas, impresas en enormes “sábanas” de papel, fueron “curadas” por el nunca bien ponderado Miguel Mateos, buen amigo y alfil de Rébora), mientras el bandoneón del “troesma” Néstor Marconi subrayaba en vivo nuestras sabrosas raíces rioplatenses.

            Ahora corresponde al lector argentino (y no tanto) juzgar este tercer resultado, que quizá no sea el último. ¿O no vivimos en un país donde siempre es posible desmentir lo perpetrado? Por eso y entretanto, como dirían Beba Bidart y Virulazo: a mí, ¿quién me quita lo bailado?

            Máxime “bailando” esta vez con don Andrew Graham-Yooll, periodista y poeta “british” cuya obra me impulsó a rescatar las Discepolianas para armar una edición bilingüe. Exótico desafío que me obligó a releer con otros ojos, y sólo en leve parte retocar, esta decena de “versos” que parecen escritos para estos días, post triunfo electoral de Mauricio Macri en la Ciudad y de Cristina Fernández de Kirchner en la República. Y que Arnaldo Goenaga “bautizó” publicando un par en su mensuario ABC (Almagro, Boedo, Caballito), vía noble intercesión de “sir” Andrew. Flor de laburo para éste como “trasladador” al inglés (se niega a que lo llamen “traductor”), considerando que estas “glosas porteñas” (bajo mirada provinciana, quede claro) remiten a letras de tango y a voces lunfardas que muchas veces usamos sin recordar qué significan.

            Porque el tiempo pasa y la palabra queda. ¿O no?

            Gracias por leer.

Raúl García Luna. Buenos Aires, 2012.

 DISCEPOLIANAS

Endnotes

             The first version of these passages, intended as an entertainment and as an attempt to imagine how Enrique Santos Discépolo might have written in the year 2000 and since, was sent to Spain in 1994. An eight hands exercise that involved two photographers and two writers, it was titled “Reflections of two Cities” and as such was exhibited in April that year at the Sala Mariana Pineda, in Granada, during and part of the International Festival of Tango organized by the Cordoban (from Argentina) Horacio “Tato” Rébora. For a few days Granada and Buenos Aires were twinned, under the direction of the “high priest” of poetry, an agnostic, Rafael Alberti, great troubadour capable of gulping a dozen fried eggs and then include discussion of women or philosophy in his menu.

            The idea at the time was to join a photographer and a poet from Spain (the prize-winning Antonio Arabesco and Luis García Montero) with peers from Argentina (filmmaker Oscar Plasencia and self, as writer) and have them create scenes as if they were “two notes in the same tune”.  The concept was based on the thought that, “from Granada many left to go to the Queen of the Plate. They mixed the cante jondo with tango’s lament. They learned to combine the pace of the milonga with the flight of the sevillana. Time went by, and the cities became shadows of what they once were.”

            Andaluzian newspapers (some) took up the idea. “A wonderful exercise in multiple disciplines producing an overall interpretation of an artistic fact, the universal language of a tragic sense of existence,” the Ideal exaggerated.  “The four poets of the image and the word have managed to make us feel as one city, and that it is alive,” countered El Mundo, underlining “above all, the texts that accompany the photographs”. Other publications and Spanish television announced that the exhibition would travel to Havana and Buenos Aires, and that “the components would be published as a book with the photos of both cities and the writings of both poets.”  That did not happen.

            The new version, partly updated, of Discepolianas were corrected, some rewritten, before and after the elections in Argentina in 1995. Hence they can be considered unpublished, here and anywhere.

            Note, at no time was this exercise thought to be poetry, just as happened with the lyrics of the tango, whatever the academics wish to say.  How different are the song, poetic prose, and poetry, and each genre demands, justly, its own identity and merit. The Cancionero of Federico García Lorca (1898-1936) might be excluded.

            Closing that virginal first stage, I would like to belatedly thank my friend Oscar Plasencia, without whom the Discepolianas would not exist. He was the one who suggested we “do something for Buenos Aires” and I, uncouth outsider, asked if he was mad, “Who d’you think I am, Discepolín?”. Amazing what irony and a flash of light can produce: within minutes of putting down the phone I had written the first of my ten Discepolianas. And soon they flew to Granada, closing the first stage of their development and unpardonable distribution.  There are texts one thinks of as “belonging” and, in the words of authors Luis Gusmán or Isidoro Blaisten (1933-2004), writers are in awe of poets, perhaps too much.  It is called embarrassment, in face of the highest stage of purity and expression.

            As happened, the photographs and texts were exhibited in Granada as large scale reproductions hung on high walls (my lines were printed on huge sheets of paper and were curated by the never fully acknowledged Miguel Mateos, good friend and aide of Horacio Rébora), the masterly bandoneon of Néstor Marconi underlined live our  roots in the River Plate.

            Now the reader in Buenos Aires, and others, must judge this third stage, which may have no follow-up as we live in a country where we can deny everything that may have happened. But, in the words of Beba Bidart and Virulazo, “who can take that away from me”.

            This time the “dance” is with Andrew Graham-Yooll, OBE, journalist and “Argentine-Scottish” poet whose writings encouraged me to recover the filed Discepolianas and produce a bilingual version.  This exotic challenge forced me to reread from a different angle and lightly “retouch” these ten “verses” which seem written for these days, after the July 2011 election of Mauricio Macri as mayor of Buenos Aires and the October 2011 reelection of President Cristina Kirchner. Arnaldo Goenaga christened this experience by publishing parts in his monthly ABC (Almagro, Boedo, Caballito) newspaper, following the friendly intervention of Andrew Graham-Yooll. Some job he had “transfering” into English (he does not like to be called a “translator”), considering these provincial passages (with a provincial glance) bring in tango lyrics and slang words that are often used without knowledge of meaning.

            Time passes and the word remains, or does it?

            Thanks for reading.

Raúl García Luna. Buenos Aires, 2012.

PREFACIO

Casi como ninguna, Buenos Aires es una ciudad con música propia, el tango, un incomparable cántico urbano, cuya riqueza es referente, de uso político, filosófico o en el más simple, en conversaciones.

Y Discepolianas es un canto y homenaje moderno a Buenos Aires, es la descripción e historia de la ciudad, el amor y el rechazo sentidos en la gran, hostil y adorable expansión que vio nacer y morir a Discépolo. Esta interpretación del hombre y la ciudad está escrita en líneas generales, como quizá el poeta Enrique Santos Discépolo (1901-1951) hubiera compuesto hoy una actualización de su más conocida letra, Cambalache (1934), siendo palabra y adjetivo para identificar un bazar o una tienda en desorden, o sus casi sórdidas celebraciones tangueras, como lo son Uno (1943) y Cafetín de Buenos Aires (1948).

“Discepolín” logró imponer una sonora voz para reflejar la falta de comprensión de una existencia absurda, la ciudad como “cosa” viviente. Discépolo sigue siendo un nombre de primera línea en la historia de la música popular argentina, poeta, compositor, actor, director, sociólogo callejero, todas estas ocupaciones que la ciudad impone a sus nativos en grandes dosis, a lo que debe agregarse una buena medida de astucia, que es lo que carga todo residente de la selva urbana.

El narrador Raúl García Luna (1948) declara no ser poeta, que este tango extendido no es poesía, porque si bien se nutre de la ciudad también toma de numerosos escritores y compositores, y de todos ellos flota un aire en el trasfondo de estas líneas. De José María Contursi a Horacio Ferrer, incluyendo a Alfredo Le Pera y Homero Manzi, los hermanos Expósito y otros grandes, hasta hacer presentes a compositores y músicos del llamado “rock nacional”, como por ejemplo Luis Alberto Spinetta. Hasta esta casta nueva parece deberle algo al tango.

Más que una música, una canción o un baile, el tango es una tajada de vida, y la idea de recrear su ambiente en una larga crónica es parte del desafío: no ver sólo cómo envejece el tango, sino como sobrevive y se reinventa.

García Luna supone que el lector local algo sabe de tango (ver sus Notas al final de este libro), pero si él o ella son forasteros con información limitada, querrán saber más de su historia y desarrollo, los actores, las tragedias y los triunfos. De algún modo, esta pieza es una reintroducción al género en tiempos presentes.

Este libro nació como aporte austral a “una historia de dos ciudades”, una en la antigua Granada, la otra, la más reciente Buenos Aires. Por lo tanto, es una máquina del tiempo y en el arte y la literatura del mundo, reconociendo la influencia en el Río de la Plata de obras como las de Charles Dickens y William Shakespeare, tanto como de voces más recientes como aquella de Walt Whitman y, naturalmente, de nuestro propio Jorge Luis Borges.

La idea de una experiencia bilingüe se inspiró en la tentación de ver como el argot de la región, el “lunfardo” podía sentirse en inglés.

Gracias por leer. Esperamos que lo disfruten.

Andrew Graham-Yooll, Barracas, Buenos Aires, 2012.

PREFACE

Like no other, Buenos Aires is a city with its own music, the tango, an unmatchable urban chant, its richness used for reference, politics, philosophy and mere wisecracks in conversation.

And Discepolianas is a modern-day song and tribute to Buenos   Aires, the description and a story of the city, the love and rejection felt in the great, hostile and lovable sprawl that saw Discépolo born and die. This interpretation of man and city is written along the lines that the poet Enrique Santos Discépolo (1901-1951) just might have composed today as a follow-up to his best known lyrics, Cambalache (1934), the word being a noun and adjective that identifies a ramshackle bazaar or exchange, or in his near sordid tango celebrations such as One (1943) and Little Café of Buenos Aires (1948).

What “Discepolín” did was to use a strong poetic voice to depict the lack of understanding of an absurd existence, the city as a living “thing”. Discépolo remains a leading name in the history of popular music in Argentina, poet, actor, director and street sociologist of sorts, all occupations and knowledge that the city requires of its natives in huge doses, to which must be added a good measure shrewdness innate to any resident in the urban jungle.

Narrator Raúl García Luna (1948) argues that he is not a poet and this extended tango is not a poem because while it draws on the city it also takes from many writers and composers, an air of all of them floating in the background of these lines.  From José María Contursi to Horacio Ferrer, taking in Alfredo Le Pera and Homero Manzi, the Expósito brothers and other greats, even including composers and musicians of the so-called  “national rock”, such as Luis Alberto Spinetta. Even this new breed always appears to owe something to tango.

More than just a music, a song, or a dance, the tango is a slice of life, and the idea of recreating its atmosphere in one long(ish) tale is part of the challenge to see not just how tango ages, but how it survives and reinvents itself.

García Luna assumes the reader, if local, knows something about tango (see Notes at the end of the book), and if he or she is an outsider with limited information they will be keen to know more about its history, development, its people, tragedies and triumphs. In many ways, this is an Introduction to the genre in current times.

This book was born as the southern component of “ a tale of two cities”, one in ancient Granada, the other, the more recent Buenos Aires. Hence it is a study of travel in time and in the art and literature of the world, acknowledging the influence in the River Plate of such works as those of Charles Dickens and William Shakespeare, as well as more recent voices as that of Walt Whitman and our own Jorge Luis Borges, of course.

The idea of a bilingual experience was inspired by the temptation to see how local slang, the region’s argot, the “lunfardo” could be made to sound in English.

Thank you for reading, and hopefully, you will enjoy.

Andrew Graham-Yooll,  Barracas, Buenos Aires, 2012.

Para bajar el audio de las discepolianas abra el siguiente vínculo:

https://www.dropbox.com/s/h2cpdu3heayukqy/II%20Discepolianas%20Voz%20Ra%C3%BAl%20Garc%C3%ADa%20Luna.mp3

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3 comentarios

Archivado bajo Literatura Argentina, Poesía Argentina

3 Respuestas a “Discepolianas

  1. Doy fe de que quien confecciona esta página es el bibliotecario argentino Alejandro Abate, un especimen de esa raza internetista que cree que esto está incompleto sin algún “comentario” ad hoc de quienquiera que sea. Democracia, que le dicen. Ergo, ruego complacerlo, por su bien y el mío. Gracias.

  2. Alejandro Abate

    Si el autor lo pide…entonces: manos a la obra…

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