Dos de miedo

Dos de miedo. García Luna, Raúl

1ª ed. – Buenos Aires: Aurelia Rivera, 2013. 130 p. ; 20 x 14 cm.

ISBN: 978-987-1294-46-6

Buenos Aires, 2013.

Tapa Dos de Miedo

Tapa / Contratapa

Contratapa Dos de Miedo

Retiraciones de tapa & contratapas

Más allá de su inherente complejidad narrativa, estos dos cuentos “de miedo” piden ser leídos con la sencilla entrega del espectador de cine, que se sienta en su butaca y se deja llevar por las imágenes. En este caso, imágenes literarias, a salvo de una sola visualización, más variadas que las de la pantalla y al servicio personal de cada lector. Finalmente, a eso invita la ficción literaria: a “ver” con imaginación propia.

En “El reaparecido” y “La sombra ingrávida”, Raúl García Luna nos ofrece dos relatos elaborados a partir de sendos clásicos precedentes: un cuento de horror de Guy de Maupassant, otro de ciencia-ficción de H. P. Lovecraft. Esto, sin remedarlos ni reescribirlos, sino tomándolos como fuentes de inspiración para la creación de dos nuevas y originales aventuras “de miedo”: una de fantasmas, otra de extraterrestres.

Lectura para soñadores que se dejen llevar y a quienes estas historias no van a defraudar, en tanto no pierdan de vista su sentido lúdico y sus emociones frente a lo que aquí se narra, como en el cine pero sin pantalla, con los ojos de su propia imaginación. “Juzgue el lector” pide el autor. Veamos.

A.R.

Disponible en las siguientes Librerías:

-CÚSPIDE

-LOSADA

-LIBRERÍAS SANTA FE

-CRACK UP

-GALERNA 

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Comienzo de “EL REAPARECIDO”:

            Pero no me mató ni se suicidó. Simplemente se quedó ahí afuera, entre vecinos que él mismo había llamado a gritos, como quien deseara tener testigos del atentado o tan sólo compartir el horror, hasta que el doble tejado se desplomó entre múltiples paredes y una erupción final quemó el cielo de Olivos. Se reía, el idiota. Imaginó que esa sería la pira funeraria de un monstruo que creía haber encerrado en la planta alta de su propia casa, y la incendió.

            Así concluyó él su historia. Pero no: hay más.

            Atados a la noria de lo meramente visible, los vecinos no sabían, ni tenían por qué saber, que allí adentro ardían los siervos del pirómano, víctimas de un imperdonable olvido, balbucearía él ante atónitos guardianes de garita de vigilancia, indiferentes paramédicos de ambulancia privada y ceñudos comisarios de trajes de marca y corbatas de seda. Nadie tenía por qué creer que alguien pretendiera terminar así con el desesperante acecho de una criatura invisible y perversa, adjetivó, que lo acosaba desde hacía meses, cual vanguardia exploratoria de una invasión global que pronto los idiotizaría a todos, dijo. Y en su mirada desangelada, su aleteo de manos y sus grititos tragados, todos leyeron la unánime, diría Borges, señal de la locura. Senil, está de más. No era tan viejo como pretendía. O sí, pero en otro sentido: sociológico, digamos.

            Se lo llevaron en camilla antes de que el fuego se extinguiera, y no volví a verlo. O mejor, no quise seguirlo más. Ya era suficiente. Lo que de él esperábamos no lo obtuve, sepan disculpar, y acá me tienen de vuelta, con las manos vacías, por así decirlo. Supongo que sus jueces lo habrán confinado para que no haga mayor daño a los de su estirpe.

            Acaso alguno de ustedes conozca ese funambulesco relato titulado con mi presunto nombre y narrado en primera persona del singular, es decir, parcial y sin derecho a réplica. En mi defensa, pues, quisiera consignar algunas verdades que, claro, nadie va a publicar. Ni falta que hace: no me creerían. Además, ¿qué importancia tiene remitir mi versión a un escrito precedente del que a duras penas si se recuerda el título y del contenido, poco y nada? El tiempo pasa, las historias cambian de tiempo y lugar, y lo esencial se reitera en tanto búsqueda de un nuevo sentido para el mismo enigma. De manera que olvidémonos de toda referencia y al grano, amigos. Que esto no es “Pierre Menard”, si me entienden…

 

El reaparecido

Notas

            En la Nochebuena de 1994, en la añeja redacción de la revista “Conozca más”, de Editorial Atlántida, su jefe de redacción, don Abel González, nos obsequió a todos y cada uno un librito de la colección Alianza Cien, sin dedicatorias y tal vez al azar. A mí me tocó “El Horla”, de Guy de Maupassant (1850-1893), breve relato fantástico que el gran autor de “Bola se sebo” y otras novelas realistas publicó en 1886, a los 36 años.

Desde entonces, no dejé de releer las 60 páginas de esa versión de bolsillo e incluso otras que el mismísimo Maupassant reescribió para adecuarse al espacio concedido por los folletines de la época, y así ganarse el pan. Y nunca dejé de padecer dos obsesiones: que algo no funcionaba del todo bien en ese relato, y que no obstante éste me encandilaba como un faro en la noche. Sí, ahí había algo monstruoso que yo, aún sin saber por qué, tenía que descubrir.

Pasé años subrayando frases reiteradas y tomando apuntes inconexos, sin entender con qué fin relataba el troesma Maupassant los sufrimientos de un burgués que, enajenado por la presunta aparición de un ser invisible y mudo, toma delirantes apuntes en primera persona y finalmente piensa en suicidarse para zafar del horror. Tanto para tan poco, no me cerraba. ¿Un burgués culposo? ¿Y qué? Pero, ¿por qué? Eso no estaba claro.

Y en 2001, ocurrencia de narrador, antojo de dramaturgo, imaginé a un Horla con voz propia y relatando “su” versión de los hechos. Divertido, trasgresor, lícito: un ejercicio literario, me dije y, sin el menor respeto por los clásicos, empecé a reescribir el cuento de Maupassant desde el punto de vista del espectro, aparición o fantasía de ese burgués fuera de sí. Primer intento, fallido: ¿otra vez lo mismo?, me dije, y me dijeron, y lo dejé.

Pero en 2011 me asaltó una loca idea, arraigada en nuestra realidad cercana y, en consecuencia, pasible de atemorizar y entusiasmar al mismo tiempo: ¿y si ese chiflado no fuese un burgués del siglo XIX, sino uno actual e incluso de estos lares? ¿Y si el monstruo invisible fuese el fantasma de un desaparecido? Eso pujó y dolió.

Con los pelos de punta, retomé “mi” Horla y en no pocos e intensos meses de 2012, siguiendo fielmente la trama del original pero convirtiéndola en otra, con otra ideología y otra intención, descubrí el tercer y último pie de un oblicuo trípode capaz de equilibrar, y tal vez de justificar, el sentido local de este flamante y también breve relato fantástico.

Perdone Maupassant , juzgue el lector.

RGL

Comienzo de “LA SOMBRA INGRÁVIDA”:

Capítulo 1

NOCTÁMBULOS

De noche, todas las costaneras del Cono Sur son ideales para las largas caminatas de los insomnes y de otros paseantes con menos pretensiones que matar el mero tiempo: parejitas sin fondos para pagarse un cuarto de hotel, perros abandonados por los turistas del verano anterior, gaviotas que parecen haber perdido el rumbo, algún ciruja en copas, tal vez un trasnochado que en una estrella fugaz que cruza el cielo del Atlántico cree ver un plato volador.

Pero no son enfermos ni lunáticos ni deformes ni fugitivos ni almas errantes en busca de sí mismas: sólo enemigos del día y de los demás, amantes del sueño ajeno y del raro privilegio de no ser vistos y poder ver, acostumbrados sus ojos a la oscuridad, sus oídos al silencio oceánico y sus mentes a la ausencia de vanos pensamientos. Prejuicioso sería considerarlos mutilados emocionales o heridos por la sociedad, noctámbulos por traumas infantiles o que han tentado experiencias no permitidas al género humano y así purgarían sus culpas, comadrejas o polillas que salen de sus guaridas al atardecer y vuelven a éstas apenas despunta el alba.

Todo eso es chisme de pueblo, trascendido, especulación, vil sospecha de que algo malo habrán hecho para merecer el rechazo del sol, fuente de vida y patrón de la gente normal.

Y no lo digo sin fundamentos: fui uno de ellos.

De chico, un pibe solitario a quien su finado padre lo dejaba hacer lo que se le diera la gana, con tal de que no lo molestara mientras escribía. Nunca supe qué escribía, hasta hoy, cuando yo mismo anoto mis funestas impresiones. Como me costaba dormir de noche y de día no podía andar mucho bajo el sol por mi enfermedad, lo espiaba a mi padre, sacando cuentas o redactando un incomprensible informe “para la salvación de la humanidad”, o lanzándose repentinamente a la sombría calle 17 para escudriñar el cielo con desconfianza y temor.

Releo los pocas papeles que se salvaron del fuego, dado que mi madre quemó todos sus cuadernos por consejo del abogado que tramitó la sucesión, de manera que mi padre no fuese considerado un loco o un suicida y así pudiéramos heredar sin molestias legales sus depósitos bancarios, los departamentos de alquiler estival y el chalé que habitábamos, y al fin comprendo que partir por mano propia es a veces la única salida posible para un hombre desesperado, cuando éste ya nada cree poder hacer en su defensa ni en la de los suyos ante el implacable embate de lo irracional, llámese delirio u horror…

 

La sombra ingrávida

Notas

Con el cuento “La hermandad negra” u “oscura”, de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), me pasó lo mismo que con “El Horla”, de Maupassant: siempre quise reescribirlo. Mejor dicho, tomarlo como base o gatillo de otra historia con extraterrestres, pero aquí y ahora, expurgada de vicios facilistas propios de los folletines de la época y, si se me perdona la osadía, más entretenida.

Esto porque, con indisimulable hilaridad, sentía yo que el relato de Lovecraft pecaba de una ingenuidad semejante a la de Maupassant, e incluso de Poe, perdón otra vez. En sus tiempos, para horrorizar, no hacía falta mucho más que vincular la palabra “horror” con el asesinato, la locura, lo fantasmal y, por cierto, la culpa. De un desenlace razonable del relato, poco y nada.

Hoy, de este lado de Freud y de la evolución del género fantástico en libros, cine y tevé, los requerimientos apuntan a ser otros: personajes más definidos desde adentro, ambigüedades funcionales al relato, sintomatologías expresivas y, en fin, que hasta un extra del reparto parezca de carne y hueso.

Al grano.

En “La hermandad negra” u “oscura”, Lovecraft desplegó su historieta de ciencia ficción en su pueblo natal, Providence, con pelos y señales de calles y domicilios, rindiéndole a la vez un mordaz homenaje a su maestro, Poe. Varios E.T. se paseaban de noche por Providence, ¡todos igualitos a Edgar Allan! Eso me conmovió, me movilizó, me tocó la cuerda del falsificador nato que soy, por amor al arte, diría Borges. Y justamente en Borges pensé como renovada jeta para “mis” E.T. en mi terruño de origen, Miramar. ¡Bingo, qué divertido!…

Sin embargo, largo de contar, pronto caí en la caprichosa cuenta de que Sábato era mejor modelo para esos usurpadores de fisonomías y voluntades terrestres, supuestamente llegados desde otro mundo para sojuzgarnos. A partir de ahí, todo me lo permití: desde sondear los vericuetos del desmadrado narrador en primera persona hasta ensartar, si es que esto resulta admisible, el natural deseo de no estar solos en la vida, unos improbables encuentros del tercer tipo, el amor no correspondido, severos desvaríos, el incendio de una casa siniestra y los balazos que hieren esta indefensa tramoya.

Y esto salió.

No tiren piedras.

RGL

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Dos de Miedo en medios:

De la revista Para Ti del 24/5/13 – página 141.

Parati Digital
Revista Parati del 24 de mayo de 2013. Pag. nº 141

CIRCUITO / LIBROS. Dos de miedo, de Raúl García Luna (Aurelia Rivera Libros). El periodista y narrador, autor de Bajamar, la novela del pueblo, desarrolla dos relatos ‘de miedo’ basándose en dos clásicos: un cuento de horror de Guy de Maupassant y otro de ciencia ficción de H.P. Lovecraft. El resultado de la experiencia es un libro cargado de suspenso, sugestión e imágenes que colocan al lector en el lugar de un espectador de cine aferrado a la butaca.”

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Revista Ñ del 6 de Junio de 2013

Dos de miedo en Revista Ñ.

 

 

 

 

 

 

 

 

BASADO EN DOS CLÁSICOS
Dos de miedo
RAUL GARCÍA LUNA
AURELIA
132 Págs.
$70
En “El reaparecido” y “La sombra ingrávida”, García Luna ofrece dos relatos elaborados a partir de clásicos precedentes: un cuento de horror de Guy de Maupassant y un cuento de ciencia ficción de H.P. Lovecraft.
Revista de Cultura Ñ, diario Clarín, sección Libros, Comentarios, página 25, sábado 6 de julio de 2013.
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1 comentario

Archivado bajo Literatura Argentina

Una respuesta a “Dos de miedo

  1. Alejandro Abate

    Libro de curiosa e interesante lectura…

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