Los perros

Sobre ‘Los perros’

“Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero.”

Rauly, el mar te llama y los perros vuelven a esa playa de abandonos, de soledades, siempre soledades en tus relatos. Esa es, creo, la parte más íntima, más Rauly en este relato de perros de mar. Después hay cajitas dentro de cajitas, como hacía tu amigo Acha, como se puede ver en esta novela en donde un crimen doble esconde una novela doble, al menos, una novela de los humanos abandonados y otra para los perros abandonados, pero siempre el abandono en el centro. Entonces, desde mi lectura, por supuesto, queda en un segundo plano el crimen y la resolución del mismo, y, aunque pareciera estar como eje la novela policial, esta novela no es policial, sino que habla de los abandonos, del tiempo dentro del tiempo, como ocurre en los veranos-inviernos de los lugares con mar y en donde se vive y se muere mirando un horizonte inalcanzable, se vive y se muere lenta o drásticamente porque tal vez sean las únicas maneras que se conozcan. Podría bien ser por momentos partes de relatos de Marguerite Duras. Y por qué lo digo, sencillamente porque si se siguen los lugares, los tiempos, los whiskys, las comidas, los cuartos, el bosque, todos son lugares de soledades. El dolor de los cuerpos sin otros cuerpos. A los personajes de esta novela de novelas sólo los acompañan los perros. Están más solos que un perro abandonado luego del verano en un pueblo de mar.

Y los protagonistas insertos en apariencia en ese paisaje, los que vienen de la gran ciudad, los que van a quedar allí por un tiempo, ya son parte, lo han decidido aún sin decidirlo.

Las otras novelas están en la historia personal de Juárez, la del exilio, la del abandono del hijo que, aunque no sea, es dentro suyo un hijo con padre desconocido, desaparecido. Y la de amor también está, entre Denis y la hermosa policía, ¿violada?, disputada por padre y tío, abandonada de todos.

Bueno, hay más novelas que se esconden en esta novela. La del sobrino gay, gordo y solo con perro gigante. La de su tía vieja y rica, que esconde un secreto que es tal vez el menos importante de la historia, y sin embargo es del que se habla todo el tiempo, porque es el nexo entre las novelas sugestivas que se esconden tras los alfajores. Y la novela de los perros abandonados, por supuesto, humanizados. Los colmillo blanco, y esas alusiones a tantas películas, a tantos autores que no conozco. La novela del autor, hablando consigo mismo y con otros a los que les quiere hacer un guiño. En definitiva, una novela con mil novelas adentro. Parece tan simple, y sin embargo ahí están Las mil y una noches de Rauly.

Abrazo grande y felicitaciones.

Yoyi Diez, dramaturgo,

actor y director teatral,
junio 2016.
Che, Yoyi: no pocos críticos han elogiado finamente mis brolis, pero vos los dejás a todos culo p’ arriba. Lo tuyo es tan agudo, tan rico, tan profundo, tan personal, que no sé qué decir. Salvo que voy a atesorar tu reseña más que ninguna otra. Cómo se nota que sos un pescador de personajes, un buceador de la condición humana, un detective de almas. Ni se me hubiera ocurrido que hice una ‘novela de novelas’. Y menos que el crimen tuviera menos importancia que la existencia. Bueno, eso es el género negro: una excusa pa’ contar vidas menudas. Lo que quiero decir es que re-alumbraste inteligentemente ese instinto ‘policíaco’ que, literariamente hablando, me agobia desde ‘Bajamar’. Cual mocoso lo digo: cuánto me gustaría que siempre hubiese un criminal claramente deschavado, y no que, como en la vida real, nunca logremos atraparlo y castigarlo. De manera que los inocentes seamos tales, y no meros forros del poder omnívoro que nos engaña, debilita, explota, corrompe y mata. En fin, mai frén: oh vanitas vanitatis, mil gracias y avanti con lo’ farole’ del arte anti burgués, en el más jorobado sentido de la palabra. Unidos venceremos: Rauly in arms, 24/6/16.

Es el mejor mail que le he leído a Yoyi. Sólo un tipo (también) de Bajamar podría haberle encontrado esa llave de lectura. Me emociona coincidir en ese sentimiento que nos genera tu obra. Algo de cofradía queda… Matías Marini, 26/6/16.


Los perros

GACETILLA_LOS PERROS_RGL__


 

Tapa_LOS PERROS final


Comentarios de prelectura del inédito “Los perros”, un policial que trae cola

Leí ‘El silencio del mar’ y ‘Los perros’ de corrido. Me parecieron en fecunda continuidad. Aunque esta última no tenga el vuelo sociológico de la primera, ni su riqueza polifónica (personajes a gogó), gana en profundidad ‘policíaca’: el arcano es ingenioso y original, con alfajores de oxitocina y robusta taxonomía canina. El lector agradece. Magníficas las escenas perrunas de Montalbetti descuartizado y aquella del ataque del Bebe en casa de Juárez, contra los ‘hombres de negro’. Muy cinematográfico, tal come piace a Feinmann el Bueno. La carta final de la nami de Juárez es casi un epílogo alla Hitchcock. Y me recordó a la musa vedada del tordo de ‘Bajamar’, esa Paula Cautiva, amor del pasado. Personajes difusos que terminan por revelarse centrales. Inserts radiofónicos curiosos e inquietantes. Medio trabajosos para el ‘comprendonio’ del lector medio (cual el suscrito). Igual, yo los dejo, claro que sí. Una FM líder de opinión es siempre síntoma de pueblo. Y mercí por confiarme un borrador. Un alto honor, de veras (Matías Marini, 15 de agosto 2015).

 

Y bien, terminado ‘Los Perros’. Ahora lo extraño. Me pasa siempre con los libros que me marcan. Conozco su gestación desde sus orígenes. Su autor y amigo me contó lo experimentado en el Viejo Hotel Ostende, en unas vacaciones en que disfrutó de un cursillo literario a cargo de la profesora Betina González y del cual, como ejercicio y puntapié inicial, nació la idea de esta novela policial; a mi modesto entender, algo más que un policial. Hay una suerte de magia en su narración. Desde la elección de los nombres de los personajes humanos y también los perrunos: Montag (el beagle que le han matado al protagonista), Bebe el mastín, el salchicha Rex, el caniche toy (del cual no sabemos qué nombre llevaba en vida), Wallander, etc. Encuentro una deliberada economía en la descripción fisonómica de los personajes; y eso es un valor agregado, dado que a medida que uno se adentra en el libro, se imagina libremente cómo son. Sabemos pues, que Juárez es un profesor de veterinaria, maduro y algo chiflado; que Denis (de quien ignoramos su nombre y cuyo apellido supongo proveniente del seudónimo que alguna vez utilizó Cortázar, Julio Denis) es un estudiante avanzado de veterinaria con veleidades de escritor; Aráoz, ‘mujer policía’ joven y atractiva, que mantiene una extraña relación con el profesor (y de la que tampoco conocemos su nombre de pila); Montalbetti, el ‘sospechoso’, es un cuarentón obeso; Páez, un cana subalterno y ‘boludo’; el maestro chocolatero de Alfajores del Mar, también algo difuso, pero de accionar totalmente claro; y el bañero y el barman del hotel, en roles de innecesaria descripción, por pura presencia. La historia se desarrolla, a mi gusto, con un plan narrativo muy efectivo. Hay párrafos en primera persona y otros en tercera, con bloques cortos y elocuentes. Los flashes informativos de la radio costera Big Sud, al principio confunden ex profeso, finalizando cada uno con el anuncio de alguna pieza musical; no me queda muy en claro qué relación tienen con los hechos narrados, y con el epílogo (la ‘cola’), donde aparece otra voz narrativa. Me ha gustado que no haya ningún héroe ni antihéroe, pues ni Denis ni Juárez lo son; y los demás, menos. Me parecen muy acertados muchos datos que, directa o indirectamente, remiten al mismo autor y a una de sus otras obras. Pero si no entendí lo de la ‘cola”, sí creo comprender que el libro es un homenaje al género policial; aunque, como ya dije, lo excede. En resumen, esta novela me ha gustado mucho, quizá más que las anteriores (Alejandro Abate, 29 de agosto de 2015).

 

Mi informe de lectura de tu inédito “Los perros” será parcial, por simple conmoción. Decirte “ingenioso” sería un lugar común. Mejor te digo “hijo de p…” para que se note mi admiración a la criolla. Estupendo policial, hermano Luna. Amistoso, divertido, vueltero, entrañable homenaje al género negro, me copó desde la primera línea. Sabés que mi Bruno es mi gran compañero, y esa lealtad contra viento y marea es, en estas soledades fueguinas, un bien impagable. ¿Cómo no emocionarme, entonces, con tus perros de orilla, que viven y hasta mueren por fidelidad a ciertos mamarrachos humanos que no se merecen su amor incondicional? Lloré cuando el Bebe, ese tremendo mastín napolitano maltratado por su amo criminal, después de haber degollado a un asesino a sueldo escupe sangre y tiembla bajo las caricias del profesor Juárez, maravilloso veterano que lo devuelve al universo del cariño. Y que es, sin lugar a dudas, el Holmes esencial de tu apasionante novela. El otro, su alumno Denis, es el Watson que narrará la aventura amateur desde, gran acierto narrativo por aquello de la verosimilitud, sus límites intelectuales y su inmadurez amorosa. Después de ese verano sangriento, ¿cómo no va a crecer?, me digo. Pero a vos te digo: ¿se vengará Juárez de aquel milico que le envenenó a Montag? ¿Habrá otro relato en el que me cuentes esto, no resuelto en éste? Entretanto, amo a la mujer policía y a todos los demás personajes, tan bien definidos en tan pocos trazos, como sólo un verdadero narrador puede hacerlo sin caer en la mera descripción visual. Creo que imaginar le atañe tanto al autor como al lector. Y cuando esto sucede, hay comunicación. Sorprender, claro, es responsabilidad y prerrogativa del primero. Gracias, entonces, por haberme sorprendido dos veces: enviándome tu borrador, y al leerlo. Gran abrazo austral, hijo de p… (Nicolás Magallanes, 1º de agosto 2015).

Termino de leer ‘El camino de Ida’, de Richard Piglia: por momentos, me pareció estar leyendo tus ‘Perros’… Matías Marini, 19/11/15.

Nunca imaginé semejante halago. Si en ‘El camino de Ida’ hay caca de ‘Los perros’, eso me honra y anima. Gracias. RGL, 20/11/15.


Mi tía Ethel

Fue una atracción como la que Vargas Llosa confesó en ‘La tía Julia y el escribidor’. Dulce, bella e inolvidable, acaso será foto de tapa de una nouvelle policial in progress: ‘Los perros’, cuya escena del crimen es una playa como la que aquí vemos.

Ethel con perros

 


 

Crimen en la arena

Compartimos tres días de encuentro en el bar del VHO para introducirnos en los intrincados vericuetos del policial. La cita estuvo a cargo de la excelente moderación de la escritora y profesora Betina González, la cálida compañía del escritor Raúl García Luna y Angélica, su esposa, más un grupo de ávidos e inteligentes lectores que, entre el mar y la arena, acudían a este microclima. Regresamos con un cuaderno lleno de recomendaciones para seguir leyendo, estudiando y aprendiendo. Y nos nutrimos de historias, saberes, entusiasmo y, sobre todo, de tanta humanidad literaria. ¡Gracias al Viejo Hotel Ostende por permitirme disfrutar de esto que tanto, tanto, me gusta!  Daniela Churruarín, profesora de Literatura en Entre Ríos, 25/2/15.

 

Hotel Ostende 1

Hotel Ostende 3

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